Un crimen sin precedentes ha
conmovido a la Venezuela que se niega a acostumbrarse a los horrores. Un hecho
tan inédito que incluso sorprendió a las víctimas, dos sargentos de la Guardia Nacional Bolivariana que
el sábado pasado salieron a tomar unos tragos a una tasca de la Sábana Grande,
uno de las puntos neurálgicos de la hoy también devastada noche caraqueña.
Pasadas las tres de la madrugada, el
sargento primero Yohan Borrero, de 25 años, y
el sargento segundo Andrés Ortiz, de 23,
fumaban en el exterior del local. Unos niños aparecieron de entre las sombras y
les arrebataron el bolso que portaba uno de ellos. Los militares corrieron en
su persecución, pero en un callejón cercano se toparon con otro grupo de
menores, armados con cuchillos. Les embistieron como si se tratara de pirañas
mordiendo un trozo de carne. Borrero se desplomó tras
recibir nueve puñaladas, una de ellas mortal en el cuello.
Ortiz fue llevado a un hospital, con heridas en el pecho y abdomen. No sobrevivió.
Los primeros detenidos fueron un niño de 10 años y una niña de 15. Más tarde se
les unieron otros cuatro menores, de entre 6 y 8 años. La Policía persigue a la
media docena de chicos que también participó en el asalto y que, según han
confirmado agentes a medios locales, integran la banda de Los Cachorros.
Según la Ley Orgánica para la
Protección de Niños y Adolescentes, los menores de 14 años no son
imputables en Venezuela, solo se les puede aplicar medidas de
protección. Para los mayores de 14 años, como la primera niña detenida, la pena
máxima es de 10 años.
En la ciudad más violenta del
planeta, donde la muerte por homicidio forma parte de la vida cotidiana (un venezolano es asesinado cada 18 minutos), la crónica roja golpea sin anestesia. En los últimos días dos cadetes
femeninas de la Aviación Bolivariana y uno masculino fueron secuestrados,
torturados y asesinados. Una pareja enloquecida mató de una golpiza a su propia
niña de 14 meses. A otros dos jóvenes les mataron para robarles la moto. A
Moisés Blanco le propinaron una paliza mortal porque estaba tan borracho que se
equivocó de vehículo; los vecinos pensaron que era un ladrón. En los 80 días
que han transcurrido de 2017, ya son 31 agentes policiales
asesinados en la Gran Caracas.
El crimen de Sábana Grande airea otra
de las consecuencias de la crisis que sufre la revolución: los niños de la
calle. "Este caso ilustra bien la actual descomposición social que
hay en Venezuela. La profundización de la crisis económica ha
llevado a millones de personas a la indigencia, entre ellas a niños abandonados
por sus familias y el Estado, obligados a sobrevivir en las calles. Los que
cometieron el homicidio son apenas una de las muchas pandillas de niños y
adolescentes que existen en Caracas y en el país. Se unen para sentirse más
seguros y tener más poder", reflexiona para EL MUNDO el criminólogo Luis
Izquiel.
La cifra de niños de la calle se ha
disparado en los últimos tiempos, multiplicándose los 10.000 que contabilizó
Unicef en 2010. Una realidad que afea una de las promesas históricas realizadas
por el "comandante supremo", quien al asumir el poder dijo aquella
frase tantas veces repetida, y que hoy se la llevó el viento: "No permitiré que en Venezuela haya un solo niño de la
calle, y si no, dejo de llamarme Hugo Chávez".
El crimen que conmueve a Venezuela: dos militares asesinados por un grupo de niños
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Oleh
Julian Lozano
