Por los pasillos de las oficinas de la cárcel Villa
Hermosa de Cali se paseaban guardias de aquí para allá. Los funcionarios
hablaban de cualquier cosa, se reían de los nuevos reclusos y yo solo podía
pensar si es que eran crueles o si la experiencia y el tiempo los había hecho
tomar su trabajo con frialdad.
El clima estaba cálido pero para ese momento parecía
que la temperatura aumentaba cada segundo, a la espera de la llegada de Harold
Carrillo, el primer repatriado de China a Colombia. De pronto, se asomó medio
cuerpo de un hombre de aproximadamente 1,65 cm. de estatura, algo canoso, tez
blanca y camisa a cuadros rojos y blancos escoltado por un guardia. Estaba
frente a un hombre que había sido condenado a muerte y que había luchado por
sobrevivir ante las adversidades que la vida le ponía en su camino, no estaba
frente a un asesino en serie o a un psicópata.
Quería comenzar por conocer su niñez. Una frase, para
este caso, me perseguía: “cría al niño para que no tengas que castigar al
hombre”.
La niñez de Carrillo se dio entre
tumbos. Estuvo con su madre solo hasta los 7 años, luego se fue a vivir con
la abuela, hasta que murió en 1986. Luego Harold se vio obligado a tomar
las riendas de su vida y a salir de su casa para trabajar y cubrir sus
necesidades. “Mi niñez fue poco normal –dice Harold-, porque mi papá nunca
vivió con nosotros”.
Dentro de sus labores administró una bodega de frutas,
trabajó con los supermercados Mercafé de Cali, estuvo como proveedor de
verduras de las cafeterías y casinos de los JJ Gómez en la misma ciudad y otra
cantidad de lugares en los que adquirió diferentes experiencias. Hasta que
finalmente, en el año 1994, se metió de taxista.
Recuerda cómo una parte alegre de su niñez la vida con
su abuela, porque gracias a ella estudió. Cursó la primaria pero fue muy
difícil entrar a bachillerato porque su padre no lo había reconocido y no tenía
registro civil en ninguna notaria.
Su abuela se puso a la tarea de buscar al hombre que
lo engendró y en 1979 logró encontrarlo, en el aeropuerto de Cali como
controlador aéreo. Harold recibió el apellido de y pudo ingresar al colegio
después de un año perdido. Alcanzó a cursar primero y segundo bachillerato
hasta que su abuela murió y con ella la oportunidad de continuar.
A pesar de lo que tuvo que vivir en su infancia fue un
hombre responsable, conformó un hogar junto a Luz Farid Celis, con quien lleva
27 años de unión marital. Luego nacieron sus hijos: Michael y Diana.
“Llevaba un hogar muy bonito, muy agradable, siempre estuve pendiente de
mis hijos y de su estudio, ellos salieron unos niños muy honestos”, dijo Harold
con un rostro de satisfacción.
Conducir taxi parecía un buen trabajo, daba buenos
frutos, los necesarios para sobrevivir. Hasta que el destino apareció con una
propuesta que le cambió su vida para siempre.
“Me perdonaron la vida en China, pero me van a dejar morir acá”
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Oleh
Julian Lozano
